Una anciana muerta y tres heridos graves en el incendio de la residencia de mayores de Sevilla

Catorce horas después de que el globo de los Reyes Magos sobrevolara la Huerta de Santa Teresa, los vecinos de la calle Baltasar Gracián volvieron a asomarse a sus balcones y ventanas. Oyeron gritos, peticiones de auxilio y el inconfundible ruido de unos cristales roto quebrándose al caer al suelo. Al tratar de averiguar lo que ocurría, vieron unas llamas enormes saliendo por la fachada lateral de la residencia de ancianos DomusVI Adorea, y un humo blanco que, en la gélida noche de Reyes, se perdía en la misma dirección que el globo que trajo este año a los Magos de Oriente.



Llamaron a los Bomberos. Decenas de personas marcaron el 080 en sus teléfonos móviles unos minutos antes de las once de la noche. “Vamos de camino”, era la respuesta del agente que atendía la centralita. Y así era. A lo lejos comenzaron a oírse las primeras sirenas. La calle Baltasar Gracián se llenó en unos instantes de camiones de Bombero, de ambulancias, de coches de policía, de vehículos de Protección Civil. Todo el personal de emergencias de servicio era enviado a la residencia. Baltasar Gracián se reservaba para los Bomberos. Los patrulleros se amontonaban en las calles adyacentes y llegaban hasta Kansas City.

Una grúa de los Bomberos se desplegó junto a la fachada de la que salían las llamas, mientras que decenas de efectivos entraban en la residencia por la puerta lateral, que da a la calle Manuel Mantero, muy cerca de la avenida de Kansas City. Policías locales y nacionales los seguían hasta el interior e iban sacando a los ancianos como podían, en volandas, a pulso, ateridos de frío, vestidos con un camisón o un pijama, algunos todavía con los respiradores colocados.

Columnas de vecinos echando una mano

Tal como salían, los iban dejando en la calle, donde se iba formando una columna de vecinos dispuestos a echar una mano. Traían mantas, sillas, colchones, botellas de agua y hasta mascarillas de sus casas. Muchos de ellos cobijaron a los ancianos en los portales de sus bloques, al tiempo que les daban calor y compañía mientras seguían llegando policías, bomberos y sanitarios. El 061 montó un hospital de campaña en los aparcamientos de un bloque cercano. 

El incendio se declaró en una habitación de la tercera planta. Aún es pronto para conocer las causas. La noche de Reyes había 97 personas en el asilo. La mayoría fueron desalojadas ilesas o con lesiones de escasa importancia. Estas personas, las que se resguardaban del frío en los portales de los edificios cercanos, fueron trasladadas después al polideportivo de San Pablo. Allí llegaron 68. El traslado fue en autobuses de Tussam, que se acumularon en una hilera en Kansas City a la espera de que fueran llegando los viajeros. También los taxistas que estaban trabajando se ofrecieron a llevar a las personas que eran sacadas de la residencia.

Al poco tiempo comenzaron a llegar los primeros familiares, avisados por el personal del asilo. Un policía les indicaba que debían dirigirse al polideportivo de San Pablo, donde una persona los recibiría con un listado de los residentes que allí se encontraban. Otro grupo de ancianos tuvieron que ser trasladados por el 061 a distintos hospitales. Tres de ellos sufren lesiones graves, mientras que una mujer murió en el incendio. Su cadáver permanecía anoche en el hospital de campaña montado por el 061.

También llegaban policías que no estaban de servicio y habían tenido conocimiento del incendio, que ayudaban a sus compañeros. Y seguían sacando a ancianos en volandas, mientras otros agentes iban extendiendo cada vez más el cerco para trabajar con más facilidad. En los primeros minutos se temió que pudiera haber más víctimas mortales, puesto que aún los Bomberos no habían podido acceder a todas las habitaciones. 

La víctima, una anciana octogenaria

“Es grave. Es en la tercera planta”, decía el concejal de Gobernación, Juan Carlos Cabrera, dirigiendo las operaciones en el lugar de los hechos. A los pocos minutos llegó el alcalde, Juan Espadas, que también se marchó después al polideportivo de San Pablo. Otro concejal, el de Bienestar Social, Juan Manuel Flotres, apoyaba el dispositivo de la Unidad de Emergencias Sociales (Umies).

Al filo de la medianoche se confirmó la muerte de una mujer octogenaria, ya con el fuego controlado y los bomberos y policías tratando de secar sus uniformes, chorreando por el agua de las mangueras y el vapor condensado. Algunos lo hacían en el interior de los patrulleros, con la calefacción a tope. Otros se quitaban las mascarillas tratando de encontrar algo más de aire. Y otros descansaban, aún mareados y deshidratados.

Algunas de las escenas recordaban al incendio del asilo Aurora, en Marqués de Nervión, en el que murieron siete personas el 8 de febrero de 2010. El caos inicial, la ayuda de los vecinos, los policías rescatando a los atrapados… Todo a una escala mucho mayor, pues Adorea es una residencia bastante más grande. La residencia en la que se declaró el incendio empieza de la peor manera posible el año 2021, después de que en 2020 fuera una de las más castigadas por la primera ola del coronavirus. Al menos 16 ancianos murieron en ella en los primeros meses de la pandemia. 

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