Sudáfrica y Brasil, cunas de los temores

A la circulación habitual de los miles de especies de virus que andan buscando seres susceptibles donde multiplicarse se ha unido en Andalucía uno particular, un coronavirus, otra variante más, de la que la Consejería de Salud aportó el pasado viernes parte de su DNI. Lleva por nombre B.1.258 y es el sexto tipo secuenciado del SARS-CoV-2 tras haber sido identificadas la variante británica –cuya proporción en la comunidad autónoma es del 64%–, la que predominaba previamente y es conocida como la ancestral, la ugandesa, la sudafricana y la brasileña. De todas ellas son las dos últimas variantes las que preocupan a la comunidad científica. No es tanto así con la de reciente aparición.

Los virus tienen en su acelerada capacidad de multiplicarse la mejor herramienta para la lucha por la supervivencia que caracteriza la vida en el planeta. La exagerada cantidad de mutaciones producidas en esa infinidad de replicaciones, que no son sino azarosos errores de la traducción génica, proporcionan a los virus un arma crucial para seguir propagándose, siguiendo los principios de la selección natural de Darwin.



La aparición de una serie de mutaciones precisas hizo que el SARS-CoV-2, cuando aún no tenía ni nombre, saltara en China del animal salvaje –posiblemente el pangolín– al ser humano. Del mapa de las nuevas mutaciones surgidas, señalan los virólogos y epidemiólogos del Ministerio de Sanidad, “puede considerarse un indicio de que está en una fase de adaptación a un nuevo huésped”. El coronavirus, pese a que evoluciona más lentamente que el de la gripe o el VIH, sigue evolucionando. El monstruo nunca duerme.

No es necesaria la alarma con la variante de reciente secuenciación en Andalucía. La B.1.258, que fue identificada por primera vez en Eslovaquia, no solamente es probable que lleve circulando desde hace más de medio año por Europa sino que, tal como señala el equipo de la Universidad de Bratislava que la tipificó primero, ha estado confundiéndose durante meses con la variante británica. En el hallazgo de estos hermanos o sobrinos nietos del SARS-CoV-2 primigenio tienen mucho que ver las técnicas de diagnóstico empleadas y la cantidad de muestras de las que son capaces los laboratorios. En Andalucía, la cepa eslovaca, por renombrarla de un modo, fue identificada hace sólo un par de semanas.

La evidencia científica de la que se dispone en la actualidad habla de esta variante con una copiosa presencia en Eslovaquia y la República Checa, aunque frecuenta todo el espacio europeo. Además, como es común en la irrupción de los nuevos linajes víricos, tiene más poder de transmisión. También puede provocar reinfecciones, resistiendo a las defensas ya adiestradas en el organismo. Matilde Cañelles, bióloga especializada en inmunología del CSIC, explica en efecto que “se piensa que puede evadir parcialmente la inmunidad de las personas que han pasado la enfermedad”. Hasta aquí lo conocido de esta B.1.258 o variante eslovaca.

Hay otras dos variantes detectadas en Andalucía que sí provocan la inquietud de los investigadores. Se trata de las variantes sudafricana (B.1.351) y brasileña (P.1). De esa preocupación dan fe dos circunstancias. La primera es que España tenga vetados los vuelos desde Sudáfrica y Brasil desde el 2 de febrero y que durará, como mínimo, hasta el 27 de abril. La segunda es que el Gobierno haya encomendado al Ejército la vigilancia y el rastreo de ciudadanos de esas procedencias. El interés estratégico de estas dos variantes es un hecho.

En Andalucía su detección es testimonial, pero los virólogos desconocen aún qué resultado puede tener su convivencia con la variante británica, es decir, cuál prevalecerá en la lucha por la supervivencia de las diferentes cepas actualmente circulantes.

De la brasileña, la investigadora del CSIC afirma que es la que “más preocupa”. En Brasil, apunta, “hay mucha gente joven en la UCI, pero sigue sin estar claro si es por su naturaleza particularmente virulenta o por la mala gestión del Gobierno de Brasil”, explica Cañelles, que tiene expectación por la revisión de un ensayo hecho en Manaos (Brasil) del que resultó una altísima proporción de reinfecciones en la población.

Mientras la ciencia da con la tecla, lo cierto es que la situación actual en Brasil es sísmica. Más de 4.000 muertos diarios y una disparada incidencia acumulada alumbran allí la última ola, sólo de menor intensidad que en Chile, del que se ha elogiado la velocidad de la campaña de vacunación. Perú y Uruguay también han empeorado el escenario y, como Chile, son limítrofes de Brasil. El mayor problema de la variante brasileña, aparte de que se transmite más fácilmente y de que parece que provoca enfermedades más graves, es que se muestra resistente al efecto de las vacunas. Esta variante ha sido secuenciada residualmente en Sevilla.El tipo sudafricano se asemeja al brasileño. Ambas variantes comparten una mutación en la espícula, que es la proteína de la corona vírica que hace de llave para encajar en la cerradura de las células respiratorias.

También es más transmisible y reduce “la efectividad de algunas vacunas”, describe el Ministerio de Sanidad. Además de en África y el cono sur africano, Sanidad avisa de su “importante presencia” en algunas regiones de Austria y Francia. Hay quienes achacan a este tipo del coronavirus el disparo de las olas pandémicas en estos países de los últimos meses. En Andalucía, ha sido detectada en varias provincias: Sevilla, Granada y Córdoba.

Los laboratorios Pfizer, Moderna y Astrazeneca han anunciado ya que trabajan en la síntesis de nuevas fórmulas para las variantes. Hay quien teme una pesadilla aún más duradera.

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