Qué error, presidente

QUÉ necesidad había de quedar en evidencia de esta manera, presidente. Para qué ese paso al frente de ir a Carmona a abrasar a un alcalde solvente en una absurda carrera por el poder orgánico. Aquello más bien fue una andanada a ninguna parte… recomendable. De quién serán los ojos por los que, presidente, has visto la realidad de una ciudad como la capital.

Para qué jugársela en la pelea del frente sevillano cuando se disfruta de los mullidos sillones de San Telmo y quedan dos años para consolidar el Gobierno. Cabría decir aquello del célebre título periodístico publicado en la Transición: “Qué error, qué inmenso error”. Probablemente, presidente, no faltará quien esté dispuesto a darte dos o tres palmaditas cuando mañana lunes recorras los largos pasillos de San Telmo. Nadie se atreve nunca a decirle al rey que está desnudo. La cofradía de los agradaores forma rápido el cortejo y no deja de salir en procesión ni con la pandemia que sufrimos. Qué cuaresma, presidente. La litúrgica… y la tuya.



¿No había que estar concentrado en la lucha contra el coronavirus, conseguir las vacunas, negociar con los hosteleros, preparar el verano por si se pudiera salvar algo, etcétera? Hasta ahora, presidente, habías ofrecido un perfil institucional serio, sobre todo después de aguantar con enorme dignidad carros y carretas de tu propio partido cuando estabas en la oposición.

Para qué meterse en este lío. ¿No sabe Arenas que Génova siempre gana? Seguro que Javié lo sabía, ¡cómo no iba a saberlo! A veces no gana en primera instancia, pero siempre, siempre, acaba ganando. Quizás a Arenas se le han olvidado las claves que nadie como él ha manejado en Andalucía. Esto, presidente, no es lo de antes, cuando el gran Arenas mandaba en el PP de Sevilla a golpe de teléfono. Javié ha quitado y puesto presidentes provinciales no sólo en Sevilla, donde lo ha hecho varias veces, sino hasta en Málaga.

Para qué, presidente, arriesgarse a hacer un ridículo más que previsible. Para qué exponer a la consejera de Cultura, llamar a los alcaldes, dejar que se abrieran grietas… No, un presidente de la Junta no puede meterse en semejantes fregados, no debe descender a determinados asuntos orgánicos.

En Sevilla no podías ganar nunca, presidente, por la sencilla razón de que la Junta no ha cuidado a Sevilla en ningún momento. Pocos afiliados del PP sevillano te deben algo. Y esto funciona lamentablemente así. Recuerdo el frío de la militancia sevillana tras tu primera intervención en aquel colosal hotel de Nervión. Pocas cosas hay peores que ese ambiente gélido con el que esta ciudad te saluda en ocasiones. Pero tras alcanzar el Gobierno, tras un buen comienzo de mandato, después de una gestión inicialmente buena de la crisis, pareció que la cosa se enderezaba entre la ciudad y tú. ¿Quién te ha llevado al precipicio hispalense, presidente?

Si Virginia Pérez, José Luis Sanz y Juan Bueno se han puesto de acuerdo para ir juntos después de haber estado a la gresca… ¡Si hasta Zoido estaba de acuerdo! Si han dado una imagen de cohesión. ¿Por qué no haber convocado a la presidenta provincial en el Palacio de San Telmo y haber alcanzado una solución de integración?

Querido presidente, gobiernas una región más extensa que muchísimas naciones. No creo que tengas mucho tiempo libre, pero aquel día no debiste ir a Carmona. Quien te lo aconsejó te llevó por mal camino. Aunque, por supuesto, el Parador de Carmona sea de los más bellos de España, como corresponde a una localidad preciosa con un alcalde al que has dejado en jaque. Gratuitamente.

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