La mutación británica como chivo expiatorio

La mutación es una de las armas con que la evolución ha dotado a los seres vivos para sobrevivir en el planeta. En el caso de los virus, un ser a medio camino entre lo vivo y lo inerte, esa arma es prácticamente su única herramienta competitiva en el medio hostil de este insignificante punto de la Vía Láctea. Las mutaciones víricas, quién lo hubiera dicho, también están sirviendo como un arma de ataque y defensa para los dirigentes, a menudo sobrepasados por la dimensión de la pandemia.

Los consejeros de la Junta de Andalucía, también los políticos de medio mundo, están atribuyendo al poder contagioso de la variante británica del coronavirus el actual disparo de contagios de la tercera ola. El portavoz de la Junta y consejero de la Presidencia, Elías Bendodo, calificó ayer de “explosiva” la evolución de la pandemia del Covid-19 y lo achacó, naturalmente, a este hermano mellizo del SARS-CoV-2. También lo hizo el vicepresidente de la Junta, Juan Marín. El problema del también consejero de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local fue que culpó a esta mutación de ser la causante del 70% de los casos positivos en Andalucía.



Esta declaración fue recogida por Europa Press, que también reseñó las palabras del ministro de Sanidad, Salvador Illa, a quien le preguntaron en una rueda de prensa sobre las palabras de Marín: “Yo no cuento con ese dato”, dijo lacónicamente Illa, palabras también citadas por la agencia de noticias, que horas rectificó el dato aportado por Marín.

La variante del coronavirus provocada por la mutación británica se encuentra en toda Europa desde hace semanas, si no meses. Es la herramienta que está empleando para adaptarse mejor que sus semejantes al medio natural. Y, según los expertos, está cepa es cada vez más predominante. En España, según informó Illa, se ha confirmado un centenar de casos.

El Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades comunicó en su informe de alerta del 20 de diciembre que el alza de la transmisión asociada a esta variante es de un 70%. Más allá del lapsus linguae de Marín, los dirigentes se agarran al cambio de la estructura exterior vírica para expiar sus culpas más o menos interiores.

Hay virólogos que mantienen una opinión diferente, en tanto no haya estudios precisos de la naturaleza de esta mutación británica. Un sector de expertos señalan como probable factor de la virulencia de la tercera ola la excesiva relajación de las medidas en las fechas precedentes. Los británicos, defienden, nunca han sido propensos al uso de las mascarillas, aunque sea ése otro cantar.

La información genética del coronavirus, compuesta de ARN, acumula más de cuatro mil mutaciones en un año. En el género humano, provisto de una doble cadena de ADN, las mutaciones existen pero son mucho menos copiosas. Distintas son las variantes en el discurso de las que es capaz un político, también otro cantar.

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