Juan Gutiérrez, el policía local amante de la naturaleza y los caballos, se jubila tras 36 años de servicio

Juan Gutierrez nunca se había imaginado hace ahora cuatro décadas, cuando trabajaba como camarero en hoteles de la Costa del Sol y era un joven inquieto, que el resto de su vida laboral la pasaría siendo agente de la Policía Local de Ronda.

Y así ha sido, tras 36 años de servicio en este cuerpo esta semana se ha jubilado, siendo despedido tanto por la alcaldesa, Maripaz Fernández, como por sus propios compañeros que le organizaron un homenaje en las puertas de la Jefatura de la Policía Local.

«En 1985 decidí prepararme unas oposiciones para la Policía Local, siendo alcalde Julián de Zulueta; había cinco plazas y yo quedé el tercero en las pruebas», recuerda ahora con algo de nostalgia.

Durante todo este tiempo ha dedicado 18 años a ser policía local en las calles de Ronda, y otros 18 años como miembro de la Patrulla Verde, lo que le ha hecho estar siempre cerca del campo y de los animales, cosa que le gusta con locura. De hecho se ha pasado un mes de cada verano en la saca del corcho de los Montes de Propios como fiel pesador del Ayuntamiento. «Allí nos quedábamos de lunes a viernes día y noche certificando la materia prima que se recogía por los corcheros para su posterior venta», afirma.

Igualmente, como agente de la Patrulla Verde ha participado en el rescate de unas 20 aves rapaces, entre otros animales, que quedaban atrapados en alambradas, tendidos eléctricos y trampas de furtivos. Además ha sido el precursor de la creación de la policía a caballo, que tanta efectividad está dando en los grandes eventos de la ciudad.

Durante tantos años también ha vivido momentos peligrosos, como el que ocurrió hace ya décadas en una barriada rondeña donde se originó un tiroteo y un vecino hirió con un disparo de escopeta recortada a otro. «Aquello se complicó: primero tuvimos que reducirlo sabiendo que estaba armado, y una vez detenido tuvimos que escoltarlo hasta la Comisaría para porque la familia del herido lo quería matar».

Uno de los recuerdos que se lleva con más alegría es el de las patrullas diarias que ha realizado todos estos años en la puerta del centro educativo Fernando de los Ríos, en el barrio de San Francisco, para regular la entrada y la salida de los estudiantes; «los pequeños me decían cuando me veían que yo era el policía del colegio».

Buen trabajo.

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