¿Ha sido Canal Sur el espejo de Andalucía?

Cuando hace ayer 32 años que Canal Sur comenzó sus emisiones con una gala con Rocío Jurado y Julio Iglesias la cadena andaluza competía directamente en el televisor sólo con los dos canales de TVE. Para ver contenidos bajo demanda había que bajar al videoclub y sólo una minoría de espectadores tenían otra opción audiovisual de información y entretenimiento. En el  ocaso de los años 80, teníamos tres botones: dos de Madrid y uno de Andalucía. La comunidad autónoma se sentía mayor de edad con una cadena de TV que la equiparaba a vascos, catalanes y gallegos, aspiración que al fin y al cabo empujó para que naciera Canal Sur. No era un capricho, era una necesidad. Una cadena que fuera espejo y a la vez altavoz de los andaluces, reflejo para nosotros y también hacia los demás.

Frente a millones de webs, centenares de canales y decenas de miles de contenidos bajo demanda en las plataformas (de pago, pero también gratuitas) dos cadenas como las de la RTVA, Canal Sur y Andalucía TV, se difuminan entre la inmensa oferta audiovisual. Pero cuentan con un valor único en la llamada a las señas de identidad y singularidad. Un reto diario para ser fiel a su  objetivo esencial. La disposición de todos los implicados ya es otro asunto. La historia de Canal Sur está jalonada por el control político, durante tres decenios a cargo del PSOE, la producción externa entregada a firmas afines a la directiva, consejos de administración dedicados a otras batallas políticas y conflictividad sindical que atenaza decisiones. Si la frescura y lo imprevisible son ingredientes que animan los medios en el caso de nuestra cadena pública los condicionantes han solido ahogar la innovación y, por supuesto, la disensión.  



Las cadenas autonómicas eran corporaciones caras que nacían en los 80 (la RTVA germinaba en 1987, para arrancar en febrero del 89) con capacidad de influencia y aspiraciones de prestigio. Presupuesto tenían de sobra. Eran visibles y con una responsabilidad evidente: aglutinar socialmente y vertebrar el territorio, que en cierta medida Canal Sur ha cumplido.

Andalucía se siente más unida gracias a Canal Sur, aunque sea criticada. Y como cualquier medio, nuestra autonómica tiene la misión de informar, formar y entretener. De cara al espectador medio las cadenas de los 80 lucían esta última virtud (a través de fútbol, musicales, concursos, series extranjeras) pero las otras dos consignas profesionales siempre han sido manoseadas por los directivos y políticos a lo largo de estas décadas. Para los medios públicos en el siglo XXI formar e informar siguen siendo encargos fundamentales con la ventaja de que cuentan con experiencia y apenas competencia relevante en este apartado.

Como medio de proximidad Canal Sur tiene una potencia intacta de cercanía y reconocimiento. En este caso se atisba de que faltan medios personales y sobre todo medios técnicos para coberturas más amplias y de calidad. Para el presupuesto de este año se han destinado más de 3 millones para la modernización de los equipos frente al obstáculo de una plantilla envejecida y formada por 1.200 trabajadores con una edad media que supera los 50. Un panorama crítico en años de permanente renovación mediática.

El 10% de la audiencia en informativos no se corresponde al esfuerzo y a la plantilla. Otras autonómicas veteranas, como la gallega, y otras con menos historia, como Aragón TV, sus informativos llegan a superar de forma constante el 20%: tienen aún presencia y credibilidad en su sociedad. La RTVA parece seguir debatiendo qué papel debe tener entre los andaluces. Sus informativos han sufrido los bandazos de los intereses políticos, una tendencia histórica que ha llegado a empeorar (innecesariamente) con el nuevo gobierno del PP y su poder de generar opinión pública es cada vez más limitado. Incluso la radio, que sufre de forma progresiva el desgaste de la televisión, tiene menos repercusión en su audiencia.

¿Y dónde forma a los andaluces Canal Sur? ¿Dónde están los programas divulgativos? ¿Dónde están reflejados los pilares de la educación y de la salud? A deshoras, con horarios maltratados. La pandemia incluso fue una oportunidad para recuperar La Banda y convertir en aula la pantalla, pero de nuevo por falta de medios y también de imaginación, Canal Sur sigue sin capacidad real de atraer a las nuevas generaciones y falla en la estrategia y promoción de sus contenidos culturales y formativos.

En la crisis de 2012 se cometió además el grave error de eliminar el Canal Sur 2 y la marca de Andalucía TV sigue siendo débil en el mando (un 0,4% de la audiencia) con una programación de contenidos interesantes pero desconocidos. Canal Sur se pelea sobre el 8%, pero es una cifra por detrás de las autonómicas históricas. Con la actual etapa del director general Juande Mellado sólo se ha ido cumpliendo la tendencia a la baja desde hace más de diez años. Un desapego de la audiencia (que llegó a ser del 25% entre los dos canales años antes del apagón analógico de 2010) que fue progresivo y de la mano del desgaste del PSOE en la sociedad andaluza.

El cambio político no se ha percibido en una televisión más atractiva ni de interés, como cantan los datos, pero sólo hay que repasar las parrillas de todos estos meses para comprobar lo lejos que está la RTVA de las demandas e inquietudes de los espectadores del siglo XXI, un consumo bien diferente al de aquellas familias de los años 80. Centrar el empeño en la población mayor de los 65 años no es lo más aconsejable a largo plazo (por pura ley de vida) y cierra las posibilidades de anclar a otros espectadores (y no digamos que la oferta la descubran jóvenes espectadores). Lo doloroso, sin caer en demagogias, son los 4.500 millones de euros destinados desde 1987 a alimentar la RTVA. De lo último, la reacción universitaria a los 11 millones extra destinados durante la pandemia para financiar el prime time actual.

El grupo parlamentario Vox, que llegó en principio a pedir la expeditiva panacea de cerrar Canal Sur ahora se conforma con exigir la programación de misas, un exceso hasta la estridencia de los toros y recortar el presupuesto para dejar a la corporación en la asfixia. La Nuestra es una cadena andaluza cada vez más llena de películas del Oeste y trasnochadas comedias del landismo, como en los tiempos de Telemadrid.

Las cadenas autonómicas nacieron con la vocación de ser espejo de lo que somos. ¿Y cómo nos reflejamos ahora? En vestidores santos, cocineros de rosquitos e inauguraciones de delegados provinciales, ya fueran del PSOE como ahora son del PP o Ciudadanos. Una comunidad donde se sigue echando falta saber qué son de los barrios de las grandes ciudades, las empresas, las universidades frente a los toreros, garrochistas y los reporteros de torrijas, mayoría en la parrilla junto a tanto político a los que se les sigue midiendo los segundos de sus apariciones.

¿Qué quiere ser Andalucía en el siglo XXI? Habrá que verlo en otra parte.

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