El ocaso de un líder

Y en un segundo cambió el rumbo. Se había previsto, porque los últimos meses ya estaban pesando demasiado, pero la carta de navegación era bien diferente. Y es que lo que el ámbito profesional es capaz de soportar, el personal, jamás. Ignacio Caraballo (Chucena, 1953) deja la presidencia de la Diputación Provincial de Huelva después de casi una década al frente de ella y, a pesar de haber dibujado y comenzado el engranaje de un plan para su sucesión, la marcha se apresura tras la denuncia por violencia de género que ha activado de forma precipitada el botón de su salida. Su vida personal se ha visto gravemente sacudida por la acusación de una exmilitante socialista y sólo una semana después de su declaración ante el Juzgado, la situación se ha hecho insostenible, “muy dura” y “dolorosa”, dicen desde el ámbito más cercano del ya expresidente, hasta el punto de llevarse también por delante su liderazgo en la secretaría provincial del partido.

La fortaleza de un animal político de raza ha caído y deja un vacío que no será fácil cubrir porque Caraballo ha sido el único capaz de cohesionar la provincia y aglutinar todas la vertientes posibles bajo la unidad de las siglas del puño y la rosa en tiempos marcados por la división. El trabajo constante ha sido su principal aliado en ese caminar seguro que parece que lo hiciera apoyado en los bastones de nordic walking que le acompañan en sus salidas matutinas siempre que puede. El soporte han sido hasta hace poco los alcaldes, esos regidores que le han reconocido el esfuerzo, y una cercanía que destaca sobre cualquier otra cualidad y que se hace más que necesaria para poder estar presente -como él lo ha hecho- en una provincia tan diferente y por ello rica, en las que deja selladas bajo su nombre cifras históricas para el partido y una Diputación moderna, libre de duplicidades.



El lado más cercano

Ha sido a costa de robarle tiempo a los suyos. A su familia y amigos con los que siempre busca hueco para compartir en una taberna una copa de vino del Condado y una tapa de casquería (mejor si son revoltillos y con una buena sevillana de fondo). Claro, que el momento más intimo llega cuando comparte el vino Mantarrota que él mismo elabora en su casa.

Enamorado de Huelva, de sus tradiciones y sus rincones, de la bicicleta y de sus paseos por Mazagón, pero sobre todo de su Chucena natal y de todo lo que le vincula a ella, no deja pasar una romería del Rocío, ni una Semana Santa, aunque el tiempo ha dejado que se desdibujen los fines de semana junto a los campanilleros de su pueblo, Los Pastores, con los que días previos a la Navidad desfilaba como uno más con la manta típica en forma de poncho sobre sus hombros y guitarra en mano. 

La vida ha cambiado. Ha bajado de golpe y sin pretenderlo de lo más alto, precisamente cuando pensaba, con el humor que le caracteriza, en su retirada, en poder gozar de la tranquilidad de la vida, de su primera nieta, Lucía, y de “los pequeños placeres que tienes delante y a pesar de ello no has podido disfrutar”. Esa frase la pronunciaba hace menos de un mes. 

El vuelco de los tribunales

La dimisión de Caraballo acelerará los movimientos internos. El líder del PSOE de Huelva está imputado, desde octubre de 2019, en un caso de supuesto soborno por la presunta compra de votos en el Ayuntamiento de Aljaraque. Entonces, el partido defendió que podía seguir en sus cargos, bajo la protección de los estatutos del partido y hasta que se abriera juicio oral, decisión que se espera en breve. Pero además, el desgaste llega por la suma de unas grabaciones relacionadas con otro supuesto intento de soborno en Cartaya que también ponen a Caraballo en el punto de mira. Con el mismo esquema que el anterior, responsables socialistas supuestamente trataron de comprar votos para mantenerse en el Ayuntamiento costero. La  “campaña de acoso constante” a la que dice que ha sido sometido en los últimos meses, se va fraguando desde hace más tiempo y va dibujando “consecuencias muy dolorosas”, aunque hasta ese momento impensables, porque  ha sido la denuncia por acoso la que ha terminado por abatirlo.

Y aparecen los críticos

Si anteriormente sí hubo pronunciamientos, la dimisión al frente de la Diputación de Huelva y de la secretaría general del PSOE onubense, no ha generado ni un solo de la dirección andaluza. El tema es delicado, sí, pero no puede obviarse que se intuye una batalla interna que disparará de nuevo la tensión. No hay que olvidar que precisamente fue el líder de Huelva el que primero se desmarcó de las directrices de Ferraz sobre los puestos que debían ocupar los sanchistas en las listas electorales. Susana Díaz sin embargo estableció que todas las provincias debían definir sus propias candidaturas sin contar con los nombres que dieron desde Madrid. Huelva ignoró el planteamiento. Poco después, Susana Díaz deja de contar con Mario Jiménez como portavoz del grupo parlamentario. El movimiento revolucionó el partido. Jiménez no solo era el hombre con más peso en la cuota de Huelva sino que además tiene vínculos familiares con Caraballo. Eso lleva a que el último año sume un desgaste tras otro y deje tiempo para ir afianzando posturas que no han salido de momento, pero que casi con toda seguridad saltarán a partir de ahora porque ya no hay un sostén que sea capaz de encolarlas como hasta ahora. Y menos, tras la súbita reestructuración del gobierno en la Diputación para colocar a sus piezas más afines en los puestos de sucesión natural y apartar la corriente más cercana a la secretaria general andaluza, Susana Díaz. 

Este ciclo ha sido duro y quizá se haya echado en falta que llegue algún aviso o advertencia de los suyos además del aplauso, pero también es cierto que Caraballo cuando tiene una decisión tomada, pocos consejos escucha y que piezas que siempre habían estado a su lado han terminado apartadas en un ejercicio de cierto blindaje difícil de argumentar. Se ha hecho más hermético y ha dejado caer la imagen de “sencillo” y “normal” con extravagancias como la de cambiar su coche oficial por un Telsa en plena crisis.

Señales ha habido más de una y quizá la más patente la sintió Caraballo en la última ejecutiva, cuando la clara división de votos en la discusión de un asunto interno dejó visualizar la tensión. Sabe desde entonces, como buen aficionado al fútbol (bético y exjugador de La Palma), que el balón está dividido, sin dueño, en una posición intermedia que invita a la disputa y anuncia un encontronazo.

Desde entonces, la cuerda se tensa cada vez más. Quizá por eso ahora sea mejor pensar en un diputado blanco de consenso para ocupar el despacho presidencial de Martín Alonso Pinzón y dejar espacio para afianzar al sucesor. El tiempo lo dirá.

Municipalista convencido

La práctica de deporte y su vida saludable tienen bien disimulados sus 67 años. Más de la mitad (36) los lleva como afiliado al PSOE y a la UGT. En 1991 fue elegido alcalde de su pueblo, Chucena, en el Condado onubense, a cuyo frente ha estado 17 años ininterrumpidos, y en el que se mantiene como concejal. Con José Cejudo como presidente, accedió en 2003 a la vicepresidencia de la Diputación, en la que siguió después con Petronila Guerrero hasta 2011, cuando la sucedió al frente de la institución. También ha sido durante años presidente del Patronato Provincial de Turismo. En el Partido Socialista fue secretario de Política Municipal entre 2004 y 2008, y secretario de Organización hasta 2012, cuando accedió a la Secretaría General en sustitución de Mario Jiménez.

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