El mundo sigue en ‘stand by’

Cuando el 14 de marzo de 2020 el Gobierno de Pedro Sánchez decretó el estado de alarma en España, Europa ya era, según la OMS, el “epicentro de la pandemia“. En ese momento, el coronavirus estaba presente en 123 países, con 132.000 afectados y una cifra de fallecidos que acababa de superar la barrera de los 5.000. Unos números preocupantes pero que no parecían vislumbrar la tragedia en la que sigue sumido el mundo un año después, con 118,5 millones de contagios y 2,6 millones de muertes, y que espera con ansia los efectos de la vacunación.

En esa fecha, China, el primer país en registrar brotes del Sars-Cov-2, comenzaba a levantar las restricciones que le llevaron a controlar la pandemia en el segundo trimestre, salvo rebrotes puntuales en verano y a finales de año. Oficialmente, según la Comisión Nacional de Sanidad, se han infectado 90.002 personas en el país, de las que 4.636 murieron.



La situación en el resto del mundo era totalmente opuesta.

Italia era el país más afectado y fue el primero, tras China, en activar unas drásticas medidas para afrontar la emergencia sanitaria. De hecho, la situación que se vivía allí parecía ser el anticipo de lo que esperaba a otros países europeos, especialmente España. Eran momentos en los que aún se sabía poco sobre el virus y su transmisión. El Gobierno de Giuseppe Conte decretó el confinamiento en todo el país el 9 de marzo con unas cifras de 7.375 casos y 366 fallecidos. No obstante, varios pueblos de Lombardía que se vieron más afectados empezaron a recluir a la población el 22 de febrero, tras las primeras muertes.

Un año después, los fallecidos superan los 101.000 y los contagios los 3.150.000. Los viajes entre regiones están prohibidos y se mantiene la clasificación por colores según el riesgo epidémico. Ante el aumento significativo de los casos, el Gobierno aprobó el viernes un decreto ley para aplicar un confinamiento total del 3 al 5 de abril, los días festivos de Semana Santa. Además, seis millones de alumnos, tres de cada cuatro, dejaron el lunes de ir a la escuela.

El confinamiento llegó a Francia el 17 de marzo, cuando las personas contagiadas eran 6.573 y las fallecidas 148. La primera orden del Gobierno de Emmanuel Macron era por dos semanas pero ya avisaba de que “estamos al comienzo de la crisis”. Ahora, con más de 88.000 muertes, el Gobierno intenta evitar un tercer confinamiento endureciendo las restricciones en unos momentos en que la expansión del virus se ha acelerado por las nuevas cepas.

En Alemania, la pandemia tuvo un comienzo diferente: la tasa de mortalidad era bastante inferior a la de sus vecinos. El 22 de marzo, cuando se impusieron las primeras medidas de contención, como el cierre de los comercios, escuelas, universidades y cualquier local no esencial, había 21.463 casos confirmados y 67 fallecidos. El brote más tardío del virus o la mayor realización de test se contemplaban como posibles motivos.

Esta situación no perduró y, si bien logró contener la cifra de decesos durante gran parte de 2020, a finales de año la curva se disparó, lo que llevó a endurecer las restricciones. Más de 73.000 alemanes han fallecido por Covid-19 y más de 2,5 millones se han contagiado. Esta semana, el país dio un tímido primer paso hacia la desescalada con la reapertura de algunos comercios no esenciales pero en medio de cierto escepticismo ante un nuevo repunte de casos.

La gestión de la crisis provocó desencuentros entre Angela Merkel y algunos líderes regionales, más si cabe en un año electoral en el que, primera vez en 16 años, la canciller no será candidata.

Aunque el Gobierno del Reino Unido no iba a decretar ningún confinamiento o aislamiento de la población, apostando por la “inmunidad de rebaño”, tuvo que cambiar su estrategia ante el aumento de casos. El 23 de marzo, con 281 fallecidos y 5.687 contagios, ordenó el confinamiento obligatorio durante tres semanas por un virus que llevó a su primer ministro, Boris Johnson, a ingresar en la UCI del hospital St Thomas el 6 de abril.

En febrero, el primer ministro anunció una hoja de ruta de desescalada, “cauta, pero irreversible”, que prevé una normalidad sin restricciones sociales a finales de junio gracias a su acelerado programa de vacunación. Su plan comenzó esta semana con la reapertura de escuelas y universidades, cuando el país suma 4.220.000 casos y 125.000 fallecidos.

El balance en EEUU, el país más afectado del mundo en términos absolutos, con más de 29 millones de contagios y más de 530.000 fallecidos según la Universidad Johns Hopkins, supera con creces las estimaciones iniciales de la Casa Blanca, que proyectó entre 100.000 y 240.000 muertes. Ahora, su actual presidente, Joe Biden, pronostica que más de 600.000 estadounidenses perderán la vida a causa del virus.

El coronavirus golpeó de lleno a la Administración Trump. Además del gran número de miembros del Gobierno, incluido el presidente, que contrajeron la enfermedad, la gestión de la pandemia y la crisis económica que ésta provocó contribuyeron a su derrota en las urnas en noviembre.

Las restricciones se decretaron a nivel local y regional. El negacionismo de Trump le llevó a negarse a usar mascarilla, contradecir a los científicos e incluso a su principal asesor para el coronavirus, el doctor Anthony Fauci, y a formular polémicas declaraciones como la de inyectarse desinfectante para tratar la enfermedad, para después reconocer que minimizó su impacto para no causar pánico.

La situación en otro país gobernado por un negacionista, Brasil, sigue siendo muy complicada. Alter ego de Trump, Jair Bolsonaro no cesó en sus críticas a las restricciones impuestas por los gobernadores para frenar una pandemia que causó 273.000 decesos, aduciendo un grave perjuicio para la economía. Junto a su famosa descripción del Covid-19 como “gripecita”, han sido sonados sus encuentros masivos con partidarios, sus relevos en el Ministerio de Sanidad (dos en un mes, el primero de ellos al comienzo de la pandemia) y su polémica defensa, hasta hace unas semanas, de la cloroquina para tratar la infección.

El país superó esta semana por primera vez los 2.200 fallecidos en un día. De hecho, Sao Paulo, el estado más rico y poblado, ha cerrado todos los negocios, salvo los de primera necesidad, debido al grave repunte de casos y muertes que sufre, con su sistema sanitario al borde del colapso.

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