El cierre de las centrales nucleares traerá a El Cabril 220.000 metros cúbicos de residuos

La Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa) ya ha confirmado que no tiene más remedio que ampliar el centro de almacenamiento de El Cabril, en Hornachuelos. Y esto es así, entre otras cosas, porque el cierre programado de las centrales nucleares españolas así lo requiere y porque el complejo de la Sierra de Albarrana es el único de España para el tratamiento y sellado de los restos de media, baja y muy baja actividad.

Como avanzó ayer este periódico, Enresa tiene previsto construir 12 nuevas celdas de almacenamiento de basura de media y baja intensidad para el ejercicio 2028. Sin embargo, los planes de la empresa no acaba ahí, ya que esa docena de espacios forman parte de la primera fase del proceso de modificación de El Cabril y la entidad gestora pretende, en lo que sería una segunda fase, la construcción de 27 celdas más, con lo que el total de la ampliación del complejo situado en Hornachuelos sería de 39 celdas. El matiz está en que para esa segunda fase aún no hay un horizonte temporal.



Una de las razones de esta ambiciosa ampliación es el alto volumen de restos radiactivos que saldrá del desmantelamiento de las centrales nucleares. Así, Enresa ha confirmado a el Día que ese cierre generará unos 220.000 metros cúbicos de residuos, cuyo destino final será El Cabril.

De ese total, 123.500 metros cúbicos serán restos de muy baja actividad, mientras que 96.500 serían de media y baja actividad. De las centrales en activo, Almaraz I cerrará en 2007; Almaraz II en 2028; Ascó I y Cofrentes en 2030; Ascó II en 2032; y Vandellós II y Trillo lo harán a lo largo de 2023, según el calendario previsto por el Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco).

El Cabril cuenta actualmente con una capacidad de almacenamiento de residuo acondicionado de unos 50.000 metros cúbicos y dispone de 28 celdas de almacenamiento, que están ocupadas en un 80% aproximadamente. La instalación complementaria para restos de muy baja actividad dispone de autorización para cuatro celdas –29, 30, 31 y 32– con una capacidad total de 130.000 metros cúbicos, las cuales se van construyendo según las necesidades. El complejo de Hornachuelos cuenta con dos celdas de muy baja actividad en operación –celdas 29 y 30– y ya ha empezado los trabajos internos previos para la construcción de la número 31, cuya entrada en operación se prevé en torno a 2026.

No obstante, el complejo 29 se encuentra inoperativo por los problemas de filtraciones de agua que se detectaron hace algunos años, una situación que aún no se ha corregido, por lo que fue el propio Consejo de Seguridad Nuclear el que dio instrucciones para que quedara sin actividad.

Según Enresa, el espacio disponible para todos los residuos de muy baja previstos “se presume suficiente con las cuatro celdas ya autorizadas. Por el contrario, la capacidad de almacenamiento para los RBMA [media y baja intensidad] requerirá ser aumentada en el escenario de operación de las centrales nucleares establecido en el Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR) y en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec)”.

El Cabril dispone de laboratorios para la verificación de la calidad y caracterización de los restos radiactivos, que son la base para la aceptación de los diferentes tipos de restos que llegan, así como para la comprobación de sus características. La instalación dispone también de capacidades de almacenamiento temporal, talleres, laboratorios y los sistemas auxiliares necesarios para su funcionamiento.

El transporte de residuos desde el emplazamiento de su productor hasta El Cabril se lleva a cabo por carretera, “cumpliendo la legislación vigente”, que en el caso europeo es el Acuerdo Europeo para el Transporte de Mercancías Peligrosas por Carretera (ADR), así como las reglamentaciones derivadas de las recomendaciones establecidas por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), de ámbito tanto nacional como internacional. La retirada de los residuos se planifica teniendo en cuenta varios factores, como el inventario de los mismos, los programas de trabajo de El Cabril, la optimización de rutas y las condiciones necesarias para cumplir con la normativa aplicable, suponiendo del orden de 250 transportes anuales hasta el complejo de la Sierra de Albarrana, según Enresa.

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