El caos de Grande-Marlaska: ya sabía en junio que la llegada de ilegales a Canarias había subido más de un 600%

La crisis migratoria que se desborda en Canarias ha puesto en evidencia la imprevisión y el caos en el Gobierno. En lo que va de año, han llegado a las islas 18.348 ilegales, la mitad de ellos en el último mes. Miles permanecen hacinados en el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, en condiciones insalubres. Pese a que la llegada de inmigrantes ha sido incesante, especialmente desde hace unos meses, el Ejecutivo no reaccionó. El Ministerio del Interior admitió incluso, en una respuesta por escrito en el Senado, el pasado julio, que no tenía «constancia de la existencia de acuerdos o convenios de colaboración en la Comunidad Autónoma de Canarias durante los años 2019 y 2020 para la atención de los inmigrantes».

Por entonces, las llegadas de inmigrantes ya multiplicaban con creces a las de años anteriores. En concreto, en junio, esas llegadas registraban ya un incremento del 636,6%: de 336 inmigrantes en los primeros cinco meses de 2019, a 2.475 en 2020. Por entonces, las cifras en la mitad del año ya superaban prácticamente a todo el año anterior.

Descoordinación

La situación en Canarias revela la falta de coordinación entre las administraciones para atender el drama humanitario. Este viernes, el ministro de Migraciones, José Luis Escrivá, anunció un plan para disponer de 7.000 plazas de acogida en siete nuevos espacios, pero el presidente regional rechaza que las islas soporten solas el 100% de la migración.

El dirigente canario insiste en impulsar las derivaciones a otras comunidades autónomas de los inmigrantes que actualmente sobrepasan los recursos de acogida disponibles en las islas. Interior, como ha publicado OKDIARIO, prepara un plan para dispersar a los ilegales por la Península.

El ministro Fernando Grande-Marlaska se desplazó este viernes a Marruecos para despachar con su homólogo, Abdelouafi Laftit. Allí, Marlaska se despojó de responsabilidades al afirmar que «la política migratoria es (una cuestión) del conjunto de la Unión Europea, no sólo española». El ministro no detalló los acuerdos a los que había llegado con Marruecos, para afrontar la crisis. «Cuando estamos hablando de relaciones entre dos países que trabajan de forma constante, no llegamos a ningún acuerdo puntual y concreto. Nos ponemos al día y trabajamos para resolver las cuestiones que van surgiendo (…) y para dar respuesta a cuestiones de urgencia como la que estamos enfrentando», afirmó. Sólo insistió en temas recurrentes, como la cooperación con los países de origen o la lucha contra las mafias ilegales. Soluciones de largo plazo que, evidentemente, no sirven para atajar la grave situación que atraviesa Canarias.

La descoordinación ha avivado las tensiones entre los socios de la coalición, que abogan por fórmulas distintas para afrontar la crisis. Podemos ha aprovechado la coyuntura para reclamar el referéndum del Sahara. Una posición que ha provocado malestar en el seno del Ejecutivo. En plena crisis migratoria con Marruecos, el partido de Pablo Iglesias instó a Pedro Sánchez, a través de un comunicado difundido a los medios, que trabaje con Naciones Unidas para «detener la guerra» y «cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad».

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