El 15% de los casos de párkinson, antes de cumplir los 50

El párkinson aparece hasta en un 15% antes de los 50, si bien se trata de una enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente a personas de edad.

El doctor Celedonio Márquez Infante, neurólogo en el Instituto de Especialidades Neurológicas (Iensa) explica que esta enfermedad “es más frecuente en edades avanzadas, pero un 30% de los pacientes tiene menos de 65 años y la mitad de estos menos de 50”.



Un cambio en la postura al caminar, lentitud o dificultad de los movimientos, o la reducción en el volumen de la voz, entre las señales del párkinson

Los síntomas varían en edades más tempranas: “Lo más importante en los pacientes de menos de 50 años es el gran impacto que el diagnóstico supone en su vida social, familiar, de pareja o laboral. Son pacientes que precisan, además de un tratamiento adecuado, un apoyo fuerte y decidido en todos esos ámbitos”, añade el reconocido neurólogo.

Doble impacto de la pandemia en los enfermos

Con motivo del Día del Párkinson, que se conmemora cada 11 de abril, la Sociedad Española de Neurología (SEN), advierte de que el 70% de los pacientes con párkinson consideran que la pandemia les ha afectado negativamente, algo que ha impactado de igual manera en el principal cuidador del paciente, según una encuesta.

El doctor Márquez añade en que Las restricciones a la movilidad han tenido un doble impacto sobre estos enfermos y sus cuidadores: “Por un lado, la saturación del sistema sanitario ha causado una menor atención a pacientes con enfermedades crónicas, como esta”; y por otro lado, la reducción de la actividad física, sobre todo en los meses de confinamiento, “supuso un retroceso importante en la situación funcional de los pacientes”.

El ejercicio físico es fundamental en el mantenimiento de la función motora y la movilidad de los enfermos de párkinson, e incluso es posible que influya retrasando la progresión de la enfermedad.

25.000 andaluces afectados

El párkinson es la segunda enfermedad degenerativa cerebral más frecuente, después de la enfermedad de alzhéimer. Se estima que afecta a un 0,3% de la población general. Eso supone que Andalucía haya en actualidad alrededor de 25.000 pacientes.

Según datos de la SEN, más de 150.000 personas padecen párkinson en España. Aunque se trata de una enfermedad cuyo mayor factor de riesgo es la edad, no es una enfermedad que solo sea exclusiva de las personas mayores e incluso existen casos en los que el inicio de la enfermedad se da en la infancia o en la adolescencia.

Distintos factores en su origen

“La causa de la enfermedad es desconocida excepto en los casos genéticos que aparecen en general antes de los 50 años”, explica el doctor Márquez Infante, al detallar que “la gran mayoría de los casos no son hereditarios y en ellos no se conoce la causa”.

En estudios epidemiológicos se han encontrado diversos factores que pueden predisponer a desarrollar la enfermedad y otros que parecen ejercer un efecto protector. “Entre los que pueden predisponer, yo destacaría la falta de vitamina D y los traumatismos cerebrales repetidos”, advierte.

Es una enfermedad incurable, pero los pacientes disponen de un arsenal de tratamientos para afrontar los síntomas

En cuanto a la posibilidad de frenar la aparición, el neurólogo destaca el ejercicio físico: “Entre los que existe evidencia epidemiológica de que protegen frente al desarrollo de una enfermedad de párkinson, el fundamental, en mi opinión, es el ejercicio físico“.

No sólo son temblores

El temblor es la señal más conocida del párkinson, pero no es la única. Otras que son menos conocidas:  Un cambio en la postura al caminar, la lentitud o dificultad de los movimientos, la reducción en el volumen de la voz, la pérdida de la expresión facial, una reducción en el tamaño de la letra o alteraciones del sueño, dentro del cual se realizan movimientos violentos o se producen gritos. Ante alguno de estos signos es razonable consultar para ser valorado por un neurólogo.

Tratar los síntomas

El párkinson es una enfermedad sin cura y sin tratamientos capaces de frenarla. Hasta la fecha el arsenal terapéutico está dirigido a controlar los síntomas.

“En fases iniciales, el tratamiento es fundamentalmente farmacológico, por vía oral o cutánea. En etapas avanzadas, se pueden usar terapias más complejas que van desde la cirugía con estimulación cerebral profunda (colocación de electrodos en ciertas áreas cerebrales conectados a un estimulador que consigue mejorar los síntomas cuando fallan otros tratamientos) a la administración continua de fármacos como la levodopa por vía intestinal o la apomorfina subcutánea”, explica el especialista.

 

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