David Becerra, restaurador rondeño: «En este oficio las prisas no son buenas consejeras, es un trabajo para hacerlo despacio»

 «En este oficio las prisas no son buenas consejeras, es un trabajo para hacerlo despacio y de forma minuciosa«, comenta el restaurador rondeño (Los Prados), David Becerra quien viene ejerciendo esta profesión desde hace más de 15 años.

Licenciado en Bellas Artes en la especialidad de Restauración, por las manos de David han pasado toda clase de pinturas, esculturas y objetos de gran valor que precisaban un «retoque, una puesta a punto y eso hay que hacerlo con mucho esmero y dedicación. Ten en cuenta que no puedes equivocarte a la hora de rehabilitar una de estas obras», afirma este artista.

Un ejemplo claro de la responsabilidad que tiene en sus menos fue la restauración de un óleo del afamado pintor inglés John Constable (1776) que se especializó en paisajes. El tema preferido de sus obras fue la región de Suffolk, más concretamente el Valle de Dedham, por ello dicha área es conocida como «el país de Constable». Su obra más famosa es ‘El carro de heno’. Por ello David recuerda este encargo como uno de los más importantes que ha tenido en toda su trayectoria.

Pero en los quince años que lleva en este oficio también ha intervenido en trabajos de restauración en el yacimiento romano de Acinipio, en los Baños Árabes, en excavaciones en el casco histórico de Ronda y para particulares. Precisamente sus servicios son muy requeridos por coleccionistas de la Costa del Sol que lo llaman para que actúe sobre obras de arte que tienen en sus mansiones.

Ha actuado en el artesonado del Palacio de Mondragón.
Ha actuado en el artesonado del Palacio de Mondragón.

Actualmente está trabajando en el Palacio de Mondragón-Museo de Ronda, donde una de las principales dificultades con que se ha encontrado ha sido el acondicionamiento del artesonado de madera del Salón Noble.

Una de las actuaciones más singulares fue la recuperación de la mano del ‘Angelito’ de la Alameda del Tajo que sufrió actos vandálicos en dos ocasiones. Gracias a él esta figura volvió a lucir como siempre.

«Cada obra es única, cada obra es un mundo aparte, y por ello hay que estudiar detenidamente qué es lo que hay que hacer en ella», comenta David.
Preguntado sobre si la restauración de objetos y monumentos genera muchos ingresos económicos, sonríe bajo la mascarilla y afirma «soy autónomo y da para vivir, si te dedicas a esto es por afición, porque te gusta«.

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