7 cementerios de Málaga bellos, curiosos e históricos

El Día de Todos los Santos de este rarísimo 2020 llega mañana para recordarnos más profundamente a nuestros seres queridos que ya no están, pero, también, nuestra propia mortalidad. Ante esto, y más que nunca, hay que seguir las recomendaciones: este año, por desgracia, hay que evitar acudir a los camposantos este domingo 1 de noviembre para que no se produzcan aglomeraciones ni concentraciones.

Esto es, en estos momentos, lo más importante. Porque mortal y rosa es nuestra carne, y en esta festividad de este Año de la Covid, volver a aprender que sólo somos inmortales hasta el mismo momento de nuestra muerte no es mal asunto. No lo es porque nos pone en perspectiva, nos centra en el contexto de las cosas y nos recuerda que al final, pase lo que pase, la meta de nuestro camino es un rinconcito en el pequeño pueblo blanco de los muertos.



Unas celebraciones, la de Todos los Santos y la de Todos los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre, que, irónicamente, nos empujan a ver la situación que nos rodea desde otro ángulo, como suelen recomendar las cursis frases de los sobrecillos de azúcar; con otro punto de vista, con, vaya por Dios, un poquito más de vida y esperanza.

Todo el mundo sabe que en la puerta de las casas donde están velando a un fallecido se cuentan los mejores y más graciosos chistes. No es falta de respeto, o no del todo, es celebración de la propia vida ante el vacío que deja una muerte. Pues un cementerio se puede transformar en la edificación de ese sentimiento.

Respetar las tradiciones, ir con la familia a rendir recuerdo a nuestros muertos, se puede transformar en un nudo apretado que nos acerque más. Pero en este año, no ir al cementerio, quedarse en casa respetando nuestra salud y la de los demás, aúna también. A unos con otros.

Porque aunque en ocasiones se asocian a lo macabro o a lo funesto (y con razón, qué demonios), muchos de los camposantos de la provincia de Málaga invitan a algo más. A mucho más. Las tradiciones no son actos sin valor. Aunque se vean eclipsadas por cosas como Halloween.

En fin, en estos días complicados por el coronavirus, en los que no podemos ir a nuestros cementerios como quisiéramos para llenarlos de flores frescas, son buenos para saber de ellos a través de la pantalla: de sus curiosidades, de su historia, de sus razones, de su folclore. Son tiempos duros, pero ¿cuándo no lo son?

Los cementerios son espacios para el silencio, llenos de extraña belleza en muchos casos, de arte y monumentos, ubicados en entornos naturales preciosos… Urbanizaciones donde pasaremos el resto de la eternidad.

Cementerio redondo de Sayalonga

En plena Axarquía nos tropezamos con Sayalonga, una localidad en la que su cementerio supone uno de sus grandes atractivos. Construido en el siglo XIX, la peculiaridad de este camposanto es que es de traza circular y la arquitectura de sus nichos forman hornacinas en forma de bóveda.

Convertido hoy en día en reclamo turístico, en el porqué de su forma se dan varias explicaciones. Una afirma que se construyó con esta forma para que los muertos ser vieran entre sí…

Otra, más realista, dice que la forma es más bien octogonal y que se hizo de así en homenaje al arte mudéjar.

Una tercera que, siendo una obra anónima que parece fundirse con la naturaleza, se hizo al azar, imitando la espontaneidad del mundo que la rodea.

Una cuarta, parecida a la segunda, asegura que la peculiar forma del camposanto no obedece en absoluto a una cuestión de azar, sino que las investigaciones realizadas sobre el monumento, fechado por el historiador local Valentín Fernández hacia 1840, parecen indicar un origen masónico en sus líneas. El mismo historiador atribuye su autoría a Pedro Gordillo.

De todas estas explicaciones, los visitantes de este peculiar cementerio, obviamente, prefieren quedarse con la primera hipótesis, mucho más romántica.

Castillo cementerio de Benadalid

En el Valle del Genal, entre el propio Genal y el río Guadiaro, se alza de Benadalid. Una localidad que cuenta con un cementerio fortificado.

Así, fuera de su casco urbano, al norte, localizamos su viejo cementerio, con torres cilíndricas en la entrada ya que no es nada más ni nada menos que un castillo.

Ahora, en lugar de la bandera ondeando sobre sus murallas, una cruz de hierro descubre que estamos ante un cementerio, una imagen muy peculiar y muy distinta a la que tuvo en su momento, cuando su principal misión era defender esta plaza, por la que pasaron árabes y cristianos.

Sin embargo, no está claro el origen del castillo de Benadalid: no se sabe a ciencia cierta si se remonta a la época romana o a los siglos XIII o XIV porque es una de las fortalezas más extrañas en su adscripción medieval y la cita documental más antigua data del año 1286.

Su edificación es de planta regular y en forma trapezoidal, con el acceso principal en la base mayor y orientado al noroeste. Sus muros son de mampostería trabada con mortero de cal y cuenta con tres torres cilíndricas, a falta de una por causa de un derrumbe. En el centro del recinto se encuentra un aljibe subterráneo y junto al acceso hay otra torre de sección cuadrangular.

Y todo esto compartiendo protagonismo en su interior con las tumbas tradicionales junto a las murallas y las torres defensivas.

En su exterior se reviven, una vez al año (antes de que llegara el coronavirus) que, como todo el mundo sabe, no hace daño, las luchas que debieron disputar las fuerzas moras (¿hoy en día hay que decir árabes?) y cristianas, alterando la calma y tranquilidad que reina en la zona durante la mayor parte del tiempo.

Cementerio de Frigiliana

Otro cementerio axárquico lo encontramos en la localidad de Frigiliana (un municipio que tiene mucho por ofrecer). La construcción del camposanto de este se pueblo se remonta a 1791 y su belleza radica en el contexto del crecimiento del pueblo: porque el cementerio de Frigiliana es un ejemplo de armonía urbanística.

Un cementerio armónico con el entorno y la localidad, de cal blanca y muy cuidado.

El santo lugar se encuentra a la entrada sur del pueblo, anexo a la pequeña ermita de San Sebastián, que se levantó en 1834 en agradecimiento tras una epidemia de cólera.

Ojalá dentro de poco podamos levantar monumentos para dar las gracias por la vacuna de la Covid.

Cementerio de San Sebastián de Casabermeja

Quien ha pasado cerca de Casabermeja por las Pedrizas se ha quedado sorprendido por el cementerio de esta localidad, asomada como una balconada blanca al cauce del Guadalmedina.

Por su singularidad, este camposanto fue declarado en 1980 Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural en 2006 y el porqué de este espacio se debe a que la cripta de la iglesia de Casabermeja fue el primer cementerio de la localidad y en 1786 ya se hallaba saturada.

En vistas a esto, el obispo de entonces, Manuel Ferrer y Figueredo, aportó 400 reales para contribuir a la construcción de un nuevo cementerio que se levantó en el cerrillo de San Sebastián.

¿La causa de esta ubicación? Allí se hallaba la ermita del mismo nombre, pero, sobre todo, porque era un paraje bien ventilado, alejado del pueblo y situado en el extremo opuesto al camino entre Málaga y Antequera.

Sus primeras tumbas eran muy sencillas: simples túmulos encalados que se dispusieron en derredor de la ermita. De hecho, era considerado un cementerio para pobres, pues los pudientes continuaron inhumándose en la iglesia hasta que una taxativa orden lo prohibió y desde 1805 todos los enterramientos se hicieron en este camposanto.

Esto hizo que las tumbas evolucionaran buscando una mayor fastuosidad hasta dar forma a una tipología de enterramiento muy singular denominada nichera. Las formas de sus tumbas y el blanco de la cal de la mayoría de ellas no dejan indiferente a nadie.

Además, cada uno de ellos esconde un detalle que añade un aspecto diferenciador. Los diversos tipos de puertas de las tumbas son otro de los aspectos que destacan, donde tiene un papel muy destacado la forja artesanal.

Cementerio inglés de Málaga

En la capital malacitana, el encanto por excelencia a la hora de hablar de camposantos está en el Cementerio Inglés, ubicado en pleno Paseo de Reding. Entre sus ilustres moradores podemos encontrar a su fundador William Mark, a varios tripulantes del Gneisenau, el buque alemán hundido en Málaga en el año 1900, al oficial Robert Boyd, teniente del malogrado general Torrijos e importantísimas figuras de la cultura andaluza, como Jorge Guillén o Gerald Brenan.

El Cementerio Inglés es el primer camposanto protestante construido en España. Dedicado a San Jorge, fue levantado en 1831 en la Cañada de los Ingleses, en pleno barrio de La Malagueta, a los pies del monte Gibralfaro.

Su estructura aprovecha la cercanía del mar para plantearse como un paseo sosegado entre la generosa vegetación y es un Bien de Interés Cultural desde el año 2012.

Castillo cementerio de Álora

El castillo de Álora, en estado de ruina consolidada (lo cual es mucho más de lo que podemos decir algunos), se alza sobre un cerro vigilando la localidad desde hace siglos y es otro ejemplo de reutilización y reciclado urbanístico.

Del castillo de Álora se conservan dos torres en buen estado, ya que han sido reconstruidas, y numerosos lienzos de muralla, con nichos adosados en su interior porque durante más de doscientos años ha sido empleado como cementerio.

De hecho, adosados a esta fortaleza se encuentran los restos de la antigua parroquia del pueblo, destruida por un terremoto y que hoy en día es la Capilla de Jesús Nazareno de las Torres.

La torre del homenaje del castillo de Álora está habilitada para su visita, y desde ella hay unas magníficas vistas de los alrededores. Vida, guerra y muerte, por tanto, dándose la mano una vez más.

Necrópolis de San Miguel de Málaga

Por último, vamos a darle un buen repaso al Cementerio de San Miguel de Málaga capital. No sólo vamos a hablar de su valor arquitectónico, estético y artístico que estuvo a punto de ser mandado a la porra por culpa del urbanismo absurdo y sin control que algunos se empeñan en practicar, sino que, de la mano de uno de los mayores expertos en lo paranormal a nivel provincial y nacional, José Manuel Frías, descubriremos los secretos y misterios que esconde.

Inaugurado en 1810, la necrópolis de San Miguel es una de las más suntuosas y estéticas del país. Joya neoclásica, un paseo por entre sus panteones es toda una lección de arte e historia. Los mejores arquitectos y escultores de fines del XIX y comienzos del siglo XX dejaron sus obras en las distintas tumbas, llenando de arte este camposanto que dejó de recibir entierros en 1987.

El cementerio de San Miguel está ubicado en la plaza del Patrocinio en el malagueño barrio de Fuente Olletas y supone una de las necrópolis más importantes de toda Andalucía, siendo el primer camposanto moderno construido en la ciudad. Fue bendecido en 1810 y en el año 1987 el Ayuntamiento intentó clausurarlo. No obstante, en base a documentos oficiales, se indicaba la concesión de panteones a perpetuidad, lo que finalmente obligó al consistorio malagueño, merced a una sentencia del Tribunal Supremo, a mantener en su lugar los panteones, formando un parque público a su alrededor.

Una decisión que salvó un cementerio con un gran valor histórico y artístico, y donde reposan los cuerpos de personajes muy populares, desde pintores a escultores, pasando por escritores y arquitectos famosos, así como industriales y benefactores como Antonio Muñoz Degrain, Salvador Rueda, José Moreno Carbonero, Joaquín Martínez de la Vega, José Denis Belgrano, Arturo Reyes, Manuel Agustín Heredia, los Marqueses de Larios, Trinidad Grund, miembros de las familias de Félix Sáenz, de Gross, de Barceló, de Strachan, de Huelin, de Molina… Además, en el centro del cementerio se alza la impresionante capilla circular donde el general Torrijos y sus compañeros recibieron sus últimos honores antes de ser trasladados al actual obelisco de la plaza de la Merced.

Vamos, un auténtico quién es quién de la crema y nata del alto abolengo de la ciudad. ¡Menudas fiestas deben celebrar los habitantes de este cementerio en la dimensión fantasma! Ante esto, no es de extrañar que en la necrópolis de San Miguel se den numerosos casos cuanto menos misteriosos.

Uno de ellos se produjo el 4 de mayo de 2008, cuando más de quince personas se congregaron frente a un discreto y humilde panteón en la que podemos contemplar una fotografía impresa en el mármol y una placa que reza: ‘Jane Bowles. Nueva York 1917 – Málaga 1973′. Sí, la escritora norteamericana Jane Bowles está enterrada en un cementerio que el Ayuntamiento de Málaga quiso eliminar por completo.

“Jane suele venir en el aniversario de su muerte”

Ese día, aniversario de la muerte de Bowles, entre los congregados ante su tumba -familiares, amigos y lectores, un grupo en el cual todos se conocían entre sí- había un personaje más. Se trataba de una mujer vestida de luto y su rostro poseía un curioso parecido con el de la fallecida autora. La mirada de la enlutada señora parecía perdida, enfocada hacia la zona del panteón.

Tras unos momentos todos los asistentes se percataron de la extraña presencia y quedaron desconcertados, tanto que, antes de que nadie pudiera hacer nada para verificar la identidad de la mujer, ésta se volvió y dobló la esquina de un panteón de gran tamaño, que llevaba a la zona de enterramiento de los escritores y artistas malagueños. Cuando varios de los testigos se dieron cuentan de lo que había pasado, fueron tras ella por diferentes lugares. Desgraciadamente, aquella mujer había desaparecido sin dejar rastro. Parecía haberse esfumado, ya que no había posibilidad de escapatoria ante el cerco levantado.

Cuando se corrió la voz, los más veteranos, aquellos que suelen visitar cada año la tumba de Jane Bowles, respondieron impasibles: “Nos os preocupéis. Jane suele venir en el aniversario de su muerte, apareciendo entre nosotros con la misma espontaneidad con que desaparece”.

Los primeros en descubrir los fenómenos relacionados con la escritora Jane Bowles, fueron José Fernández, encargado de la capilla del cementerio, y los vigilantes de seguridad, cuando a partir de un determinado día, que coincide con la construcción del actual monumento funerario, y una vez cerrada la puerta de la necrópolis, ven pasear a una señora de aspecto extravagante por las inmediaciones de la tumba de Bowles.

Otro de los casos populares ocurridos en San Miguel son las llamadas “apariciones de Antoñito” y que tiene a dicho encargado de la capilla, José Fernández, como uno de sus protagonistas.

Otras apariciones de San Miguel son los de la pequeña María Marta

En noviembre de 1985, y debido a unas obras en su casa, Fernández pasó algunas noches en el interior de la propia capilla, en una pequeña celda. En el silencio de la noche sus oídos captaron el lamento desolado de un niño de corta edad. “¡Mamá, mamá!”, escuchó.

El Hermano Pepe fue siguiendo el sonido de la misteriosa voz hasta ubicarlo en el interior de un nicho. Al día siguiente, y una vez consultados los libros de defunciones, descubrió que en aquella tumba reposaban los restos de un niño fallecido con dos años de edad, Antoñito, que había muerto de leucemia después de una larga y dolorosa enfermedad.

A partir de ese momento el fenómeno se ha repetido con asiduidad, a distintas horas y con diferentes variantes.

Otras apariciones de San Miguel son los de la pequeña María Marta, cuya muerte dio paso a una leyenda de origen desconocido origen que afirma de esta niña intercede en las crisis matrimoniales y de parejas. O la de don Elíseo, un párroco de rectas actitudes, agrio carácter y comportamientos esquivos y reservados.

Son muchos los testigos y los sucesos que rodean el cementerio de San Miguel, un lugar cargado de historia y misterios.

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